«Paulos se descalzaba y se sentaba a los pies de la cama, con los pies desnudos acariciando las flores de la alfombra, que se extendían sobre un lecho confuso de hierba verde. ¿Sería posible continuar viviendo de los sueños y en los sueños? ¿Qué era lo que el quitaba o añadía a la vida cotidiana? Todavía ahora distinguía lo que vivía y lo que soñaba, pero se sorprendía a sí mismo descubriendo que también vivía lo que soñaba, que lo que vivía tomaba la forma de sus sueños. Bastaba a veces que añadiese un adjetivo al pan o al agua, a una paloma o a la tela de su capa, para que se produjese una súbita mutación, y lo real pasaba a ser fantástico. Perezoso, no salía apenas de casa en toda una semana, durmiendo siestas de mañana y tarde, ensoñando viajes, recibiendo visitas de gente que no había, pero buscando, y a veces desesperadamente, un objeto real que el extraño visitante le había regalado, o había dejado olvidado en la mesa del vestíbulo, y que era la prueba fehaciente de la visita. No podía detenerse a pensar quién era, de dónde venía, a dónde quería ir. Sí, más de una vez tuvo la sensación de hallarse en un escenario. La sala estaba vacía, pero Paulos tenía que representar a la perfección el papel ensayado una y mil noches, escrito por él para él. A veces se trataba de un monólogo:
- Ésta es la soledad y la razón, la soledad de mi razón. Oso reclamarle a la noche sus tinieblas para mi alma. He de ser aceptado como soy, el viudo, el triste, el desconsolado duque de Aquitania en su torre destruida. ¿Es ofender a Dios amar más a la sirena que a Él? He aquí la espada rota, y la traición probada. ¡Este vaso es todo lo que resta de la sangre! (Muestra el vaso, y deja caer unas gotas en el suelo.) ¡De la sangre de mi vida terrenal! (se arrodilla, y limpia la sangre que derramó con un pañuelo.) ¿Quién se atreve a decir que miente el soñador? Me asomo por esta ventana que no hay, y doy nombres, pensamientos y deseos a criaturas que solamente yo veo. ¿Quién gana el pan para ellas sino yo? ¿Quién les da desasosiego, penitencia y muerte? No, no soy cruel, no he imaginado el Infierno, solamente el Purgatorio: Yo soy Arnaldo, el que llora y va cantando, acuérdate de mí que soy la Pía, el nieto de Constanza emperatriz, ¡Casella mío, si nuevas leyes no te quitan memoria y uso del amoroso canto!... Paso en silencio junto a ellas, y no como el otro, con la cabeza levantada. Toda la sangre que corre por sus venas, sangre mía es. ¿Necesita de mí, cada uno de vosotros, un sueño para ser otro? ¿Puede resistir una ciudad, sin reducirse a polvo, el que haya en ella un donador voluntario de sueños? »
Álvaro Cunqueiro nasceu em Mondoñedo (Lugo), em 1911, e morreu em Vigo, em 1981. Estudou Filosofia e Literatura na Universidade de Santiago de Compostela. A sua obra literária abarca todos os géneros e está escrita em galego e castelhano. Humor, lirismo, reminiscências de mitos antigos e realismo intemporal, magia e nostalgia, são as características de toda a sua escrita. A sua imaginação era ilimitada, como se pode confirmar pela sua extensa obra:
Las Mocedades de Ulises / Cuando el Viejo Sinbad Vuelva a las Islas / Las Crónicas del Sochantre / Vida y Fugas de Fanto Fantini / Un Hombre Que se Parecía a Orestes (Prémio Nadal 1968)